miércoles, 19 de febrero de 2014

La Cacha: relatos de dos testigos que pueden ser claves

Uno está bajo el programa de protección, se descompuso en la audiencia y su versión quedó postergada para una nueva cita. El otro realizó una rueda de reconocimiento y favoreció a uno de los acusados. La próxima audiencia será el miércoles 19 de febrero.
Laura Bretal señaló a Estanislao Chiara Vieyra como uno de los represores de La Cacha  
(Foto: Esteban Martirena)  -   Por Martín Solernoticiasplatenses@gmail.com  -  @martinenlared

La quinta audiencia del juicio oral y público a 21 acusados de haber cometidos de lesa humanidad durante la última dictadura cívico militar en el centro clandestino bautizado La Cacha, estuvo cruzada por momento de suma tensión cuyo epílogo fue la suspensión hasta nuevo aviso de un testimonio y un reconocimiento fotográfico negativo para las querella ya que la testigo no pudo identificar al acusado y señaló a quien el sospechoso dice que es el verdadero verdugo conocido por su nombre de guerra “Pablo”. La sexta audiencia se desarrollará el próximo miércoles 19 de febrero a partir de las 10 horas.

Miguel Ángel Bellomo es un ex policía que trabajó en la comisaría Octava de La Plata desde junio de 1976 hasta que ingresó a estudiar la tecnicatura sobre explosivos en 1977. Está bajo el programa de protección de testigos. Se trata de un ex policía que declaró y señaló a militares. Comenzó su declaración confirmando que en la mencionada unidad policial “había muchos detenidos políticos, gremiales y a disposición del PEN (Poder Ejecutivo Nacional)”. Además agregó que “a los presos comunes se los trasladaba a la subcomisaría de Villa Ponsati”.

Sobre los presos políticos, no dudó en afirmar que “provenían de La Cacha” y que eran trasladados por civiles. “A simple vista no los podíamos identificar” en relación a la fuerza en la que revistaban “sí que eran operativos”, precisó.

Durante la etapa de instrucción de la causa realizó un reconocimiento fotográfico en el que señaló al acusado Claudio Grande como una de las personas que trasladaban personas secuestradas, pero en la audiencia, ante los jueces y las partes aseguró que “la foto que yo identifico” en el expediente “es Del Río”, uno de los jefes operativos de los grupos de tareas de la época.

Ante ese panorama se generó una situación de tensión. Los jueces del Tribunal Oral Criminal Federal 1 de La Plata intentaban por todos los medios aclarar el panorama, mientras la defensa de Claudio Grande, medía los pasos a seguir. El nerviosismo en el ambiente llegó a punto tal que el testigo se descompuso y pidió que le tomen la presión. Un equipo médico lo asistió de inmediato y se estableció que Bellomo no estaba en condiciones de seguir declarando y su testimonio será finalizado en otra audiencia.

Al conocerse el cuadro de situación el abogado querellante Oscar Rodríguez (por la Asamblea Permanente de Derechos Humanos –APDH- La Plata) solicitó a los magistrados que se extremen las medidas de seguridad personal del testigo al que ubicó en una situación de extrema vulnerabilidad. El recuerdo de la desaparición de Jorge Julio López es una herida abierta tanto en la sociedad como en los organismos de defensa y promoción de Derechos Humanos.

Fotos. María Laura Bretal es sobreviviente de La Cacha. Fue secuestrada el 3 de mayo de 1978. Estaba embarazada. La interceptaron en la casa de Ensenada donde vivía con su hija de tres años y su marido. Es una de las máximas referentes en La Plata y Argentina en el impulso al juzgamiento de los represores de la “dictadura cívico militar eclesiástica” como ella misma definió ese período en una de sus primeras intervenciones en el estrado.

Juró decir “verdad” por “los treinta mil compañeros desparecidos, por Jorge Julio López y por Adriana Calvo”. Durante todo su testimonio colgaba de sus pequeños hombros un pañuelo blanco con el rostro en blanco de López con la leyenda “Y López dónde está”.

Tras su secuestro, fue subida a un auto junto a su hija. En 122 y 47 las separaron. Volvieron a encontrarse cuatro meses después, cuando recuperó la libertad. Su ingreso a La cacha fue a los golpes, no importaba su condición de embarazada. “Me depositaron en un galpón grande y ahí empezaron las torturas porque recibí una trompada”, recordó con firmeza y claridad. Ella pedía hablar con alguna autoridad para saber de su hija. “Acá comisario, las pelotas”, fue la respuesta que encontró de parte de sus carceleros.

Recordó que durante su cautiverio la sacaban junto a otros secuestrados que eran sometidos a “simulacros de fusilamiento”. También que la llevaban hasta las camas de tortura para someterla a sesiones de picana. “Había un guardia bueno y otro malo, me desnudaron y me tiraron sobre un elástico de hierro. El guardia bueno decía ‘esperá que tenga el parto y después la vamos a picanear’”.

Bretal aseguró en otro pasaje de su versión que “estos 21 imputados son pocos, tendría que haber muchos más. Quedaron muchísimos represores afuera” de la causa “hay dos prófugos siniestros. Uno está en Israel, el otro en Paraguay, se sabe hace mucho tiempo y nunca se pidió la extradición” se quejó. Antes había dicho que “Julio Barroso está vivo y libre por las calles, no está imputado en este juicio”.

La testigo recordó que parte de sus verdugos se identificaban como “Mapla, Pablo, Gustavo y Tarzán, los cuatro eran del servicio de inteligencia” del ejército. También que su compañero de cautiverio Alejandro Gutiérrez reconoció al represor “Pablo” como un estudiante de veterinaria. “Ese es Grande” le dijo en La Cacha, en referencia a Claudio Grande. Sobre su compañero de detención detalló, ante la pregunta del defensor Juan Losinno que “está muerto, lo mataron sus defendidos”.

El letrado también preguntó si estaba en condiciones de realizar un reconocimiento fotográfico de Grande y Bretal dijo que sí. De inmediato se materializó la escena y la mujer señaló la foto de Estanislao Chiara Vieyra, quien la defensa de Grande sindica como “el verdadero Pablo”.

Desde la detención de Grande, su defensor Losinno insiste con esa hipótesis. Todas las respuestas que recibió fue que se defienda en el juicio oral. Llegado a esa etapa esa parte logró una prueba que abona su hipótesis. El parecido entre Grande y Chiara Vieyra es asombroso. Ambos estudiaban veterinaria en la misma época. Ambos pertenecían al Servicio de Inteligencia del Ejército. Grande nunca negó haber trabajado en esa repartición durante la dictadura. Alega que era un simple empleado administrativo. Sin embargo, al menos una de las querellas, asegura tener más información y pruebas que indican a Grande como el torturador “Pablo”. El defensor logró un objetivo, sabe que ante un eventual reconocimiento de su asistido puede apelar al recurso de la absolución por el beneficio de la duda (in dubio pro reo), pero su objetivo es lograr la libre absolución. El desenlace de esta historia se conocerá en futuras audiencias.

En todo proceso penal el reconocimiento a o no del o los acusados puede sellar su suerte. Eso lo sabe bien el genocida Miguel Osvaldo Etchecolatz quien fue reconocido por Jorge Julio López en uno de los juicios por delitos de lesa humanidad en los que fue condenado a perpetua.

Incidencias. Como en la mayoría de las audiencias de este mega juicio (en el que se unificaron tres causas) el inicio de las audiencias es agotador. A las habituales demoras se suman los planteos de las defensas en la audiencia de este viernes 14 de febrero se sumaron las del fiscal Hernán Schapiro.

El fiscal fue quien abrió el debate. Tras fundamentar que la audiencia del miércoles 12 de febrero pasado había sido en un marco de “clima enrarecido, tenso, facilitado por las constantes interrupciones” de la defensa, sostuvo que esa “atmósfera que se creó es perjudicial para la marcha del juicio” y pidió que se tengan en cuenta cuatro tópicos para evitar la revictimización de testigos.

Propuso limitar las intervenciones de las partes durante los testimonios; manifestar las “incidencias” o planteos “antes del testimonio”; realizar preguntas a los testigos teniendo en cuenta que las preguntas “no hieran, molesten o sensibilicen a los testigos” y “respetar los horarios para que los testigos esperen un tiempo razonable” que estimó en no superar la barrera de los 120 minutos.

En el mismo sentido en presidente del Tribunal leyó un informe elaborado por un colectivo profesional de asistencia a las víctimas donde se detalla que existió “modalidad agresiva de algunos defensores” e hicieron foco sobre el estilo mostrado por el abogado Losinno, quien solicitó que el informe sea rechazado por “improcedente” al fundamenta que “no hubo una sola pregunta agraviante”. La petición fue denegada por los jueces.

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